EL BUEN SAMARITANO

 


Lucas 11:25-37

La historia que Jesús contó, sobre un hombre que tuvo compasión de un malherido, es de las más importantes, porque interpreta profundamente el sentido del cristianismo, mientras condena el sectarismo religioso. En esta Parábola del Buen Samaritano, hay una enseñanza de fondo, y cada personaje es vital para destacar esa enseñanza.

No hay personajes principales, sino actitudes principales, que contrastan la una con la otra, y cada una de estas actitudes resalta de manera vehemente a su contraria. El primer personaje de la perícopa es un INTÉRPRETE DE LA LEY, quien se levanta atrevidamente para desafiar a Jesús, en un intento de ridiculizarlo. Hizo una pregunta capciosa, “—Maestro, ¿qué debo hacer para tener la vida eterna?” V.25. la pregunta está centrada en la idea farisea que “la vida eterna” es un pago merecido por el buen comportamiento del individuo, una especie de retribución por el buen comportamiento. Después en el cristianismo, esta idea contrastará con el evangelio de la gracia, que coloca la salvación como regalo de Dios y no como obra de los hombres. Es claro que el intérprete de la ley sabía la repuesta, porque pudo contestar la contrapregunta de Jesús: —“Ama a tu Dios con todo lo que piensas, con todo lo que vales y con todo lo que eres, y cada uno debe amar a su prójimo como se ama a sí mismo.” V.27.

Hasta el momento, JESÚS, quien es el otro personaje de la porción bíblica, solo se limita a responder, mediante una pregunta que deja al descubierto las intenciones del hombre que le cuestiona a él: “—¿Sabes lo que dicen los libros de la Ley?” V.26. Lo que el Señor hace es seguir la corriente del intérprete de la ley, y lo obliga a caer en su propia trampa. Sin darse cuenta, el cuestionador reduce la respuesta que él mismo está pidiendo a un  sentimiento: el amor, hay que amar a Dios y al prójimo. Quizás todos los fariseos manejaban esta respuesta, pero nadie entendía la trascendencia de ella, no lograban interpretar a cabalidad su sentido. Pero con la historia que sigue, Jesús se encarga de hacer una hermenéutica no practicada por los religiosos judíos.

Las malas intenciones se destacan en la actitud del intérprete de la ley, mediante otra pregunta: “Pero el maestro de la Ley no quedó satisfecho con la respuesta de Jesús, así que insistió: —¿Y quién es mi prójimo?” V.29. Jesús, como buen enseñador, no va contra la persona, pero sí deja al descubierto, sabiamente, las malas actitudes.  Esta vez lo hace con la siguiente historia:

«Un día, un hombre iba de Jerusalén a Jericó. En el camino lo asaltaron unos ladrones y, después de golpearlo, le robaron todo lo que llevaba y lo dejaron medio muerto.

 »Por casualidad, por el mismo camino pasaba un sacerdote judío. Al ver a aquel hombre, el sacerdote se hizo a un lado y siguió su camino.  Luego pasó por ese lugar otro judío, que ayudaba en el culto del templo; cuando este otro vio al hombre, se hizo a un lado y siguió su camino.

 »Pero también pasó por allí un extranjero, de la región de Samaria, y al ver a aquel hombre tirado en el suelo, le tuvo compasión.  Se acercó, sanó sus heridas con vino y aceite, y le puso vendas. Lo subió sobre su burro, lo llevó a un pequeño hotel y allí lo cuidó.

 »Al día siguiente, el extranjero le dio dinero al encargado de la posada y le dijo: “Cuídeme bien a este hombre. Si el dinero que le dejo no alcanza para todos los gastos, a mi regreso yo le pagaré lo que falte.”»

Nuevamente, los personajes representan “actitudes” que son las que se destacan en la enseñanza del maestro. EL HOMBRE ASALTADO tiene la mala suerte que además que le roban, lo dejan inconsciente, tirado en el camino, a punto de morir. En cierta forma, la vida es dura y muchas veces nos deja en iguales condiciones, medio muertos, a pesar de que parece que todo va bien. Las contingencias repentinas pueden pasar a todos. LOS ASALTANTES son esos elementos que se encargan de fastidiarnos la existencia, y lo hacen sin piedad alguna. El actuar de los ladrones se limita a robar y golpear, pero en esta actitud se deja ver su falta de escrúpulos y de compasión. Son personas NEUTRAS DE SENTIMIENTOS.

Pasó en el mismo camino UN SACERDOTE JUDÍO, que descendía por el camino, lo cual indica claramente que “ya regresaba de su oficio sacerdotal”. La actitud de hacerse a un lado, refleja el poco amor al prójimo, su frialdad ante el sufrimiento ajeno. El siguiente personaje, un AYUDANTE DEL TEMPLO, LEVITA, también hizo lo mismo. Ambos reflejan un profundo sentimiento de “INDIFERENCIA” ante el dolor y el sufrimiento, lo cual, es peor, si analizamos que ambos podían hacer algo por el moribundo.

La conjunción adversativa “Pero”, introduce un tercer personaje que contrasta con los dos anteriores, uno que con su actitud ADVERSA la de aquellos religiosos: vio, sintió, se acercó, lo curó, lo vendó, lo cargó, lo llevó, lo cuidó, dio dinero, sus acciones y lo único que dice, reflejan la profundidad de sus sentimientos, de sus emociones: “Cuídeme bien a este hombre. Si el dinero que le dejo no alcanza para todos los gastos, a mi regreso yo le pagaré lo que falte.”»

El interés, la empatía, la compasión están contendidas en acciones y en pocas palabras. Que sea samaritano choca con la compresión de la espiritualidad que tienen los judíos. Pero nuevamente, Jesús se encarga de DESCUBRIR LAS INTENCIONES, y logra hacerlo con la participación del malicioso intérprete de la ley.

El personaje del samaritano es importante para desmontar la idea farisea de exclusividad religiosa que esta agrupación tenía. Colocar a un samaritano en mejores condiciones que un judío debió ser una profunda estocada para los oyentes judíos, sobre todo para aquel malicioso hombre que interpeló a Jesús: VE Y HAZ TÚ LO MISMO debieron ser palabras duras para el intérprete de la ley.  Su cara debió sonrojarse, seguro sintió vergüenza por las palabras que oyó y que evidentemente no podía refutar.

Al traer este pasaje a nuestros días, somos invitados a vivir un cristianismo real, una verdadera espiritualidad, cuyo fundamento sea el amor y la compasión. Siempre habrá oportunidad de servir con compasión a los demás, siempre habrá maltratados y moribundos emocionalmente, pobres, personas que han sido ultrajadas, etc. Pero también siempre habrá “SACERDOTES Y AYUDNATES DEL TEMPLO” jugando a la iglesia o al cristianismo. La indiferencia es lo que caracteriza ese “cristianismo”.  VE Y HAZ TÚ LO MISMO es una invitación que no se apaga, sigue viva mientras haya moribundos en nuestro camino.

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